Música

Días de radio

hellogigles

Foto hello giggles

Aquellas mañanas ajetreadas, de la cocina a la habitación, con el tiempo justo, al compás de quien nos ayudaba a prepararnos a mi hermano a mí, todavía pequeños, mientras del baño llegaba el murmullo de la radio que mi padre escuchaba mientras se afeitaba.

Otras mañanas, éstas más tranquilas, sosegadas; mañanas de fin de semana en las que los niños (y qué poco cambian algunas cosas) nos despertábamos antes que los mayores y corríamos a su habitación y, allí, cuatro en una cama, escuchábamos el programa de niños de Radio Popular.

Luego llegaron las noches de estudiante (COU, la uni…) y un walkman azul con auriculares que se me clavaban cuando me quedaba dormida escuchando a Dani Arizala en Euskadi Irratia (“Itsasoko olatu guztiak berdinak ez direlako”, aquella voz) o a Parada en Radio 5 (sí, lo confieso; me reía mucho con su programa, en el que también tocaba el piano Pablo Sebastian. Todo muchísimo antes que Cine de Barrio, que conste en mi defensa).

podcast

Llegaron, y pasaron, también los viajes en coche de la conciliación laboral; mediodías de Carne Cruda en Radio 3 que me reconciliaban con esa parte de mí, hambrienta de vida cultural y real, enmarañada entre las alegrías y obligaciones de la maternidad recién estrenada.

La radio ha sido una constante en mi vida y lo sigue siendo, porque la escucho a menudo, en casa, en el coche, en el móvil. Ya ni siquiera hace falta conectar con el programa en el momento exacto (bendita tecnología que inventó los podcast) y, sin embargo, sigue siendo referencia imprescindible con sus señales y boletines horarios.

La radio me da alas, y me hace pensar en la playlist de mi vida cuando escucho Fonoteka de Arantza Iturbe en Euskadi Irratia, o en los libros que todavía no he leído cuando busco en el dial Iflandia o Pompas de papel. Y la radio, la radio me regala sueños en forma de testimonios de viajeros cuando sintonizo con Roge Blasco en cualquiera de sus programas en Radio Euskadi: Levando anclas o La casa de la palabra, recomendaciones inevitables para quienes aman la vida.

Fue en uno de sus programas en el que escuché hace poco lo difícil que es encontrar un lugar en el que estar solo en algunas ciudades de Asia. Justo lo contrario que con la radio: la mejor forma de estar solo, pero bien acompañado.

PD: Para escuchar música, la emisora que más me gusta es EITB, donde escuché esto. Y a ti ¿te gusta la radio?

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16 Comentarios

  • Responder Susana 2 noviembre, 2015 en 11:34

    Que bonito escribes Nerea! Fíjate que yo fui yna gran oyente de radio nocturna durante años, sobre todo en mi época de universidad, escuchaba un programa de música en el que el conductor se encendía cigarrillos con un mechero de esos que sonaban bonito, ya no recuerdo quien era pero me tenía enamorada perdida de su voz. Después me pase a las noticias de los programas matinales, tenía que estar al tanto de todo lo que pasaba y la radio es la mejor manera…o era… Ahora con Twitter han cambiado mucho las cosas. Y en estos últimos años la radio forma parte de mi vida cuando viajo en el coche, poco tiempo mas le dedico, por desgracias, a esta gran compañera de viaje. Algún día volveremos a encontrarnos.

    • Responder nereakalekantoia 3 noviembre, 2015 en 11:34

      Ya me imaginaba, Susana, que tú también serías una gran aficionada. Qué bueno el recuerdo de tu época universitaria; tendrás que investigar quién era. Es verdad que hay épocas en la vida en las que parece que se hace más difícil, pero como tú dices ¡siempre nos quedarán los viajes en coche… y los podcast! Ése puede ser vuestro punto de reencuentro. Un beso.

  • Responder Bego 3 noviembre, 2015 en 11:34

    Las mañanas sin radio (y da igual qué mañanas) no son mañanas. Comparto contigo, Nerea, más de uno de los programas que describes. ¡Sigue escribiendo que me encanta leerte! Muxu

    • Responder nereakalekantoia 3 noviembre, 2015 en 11:34

      ¿Sí, verdad, Bego? Y yo reconozco que me he cansado un poco de realidad y tertulias, pero para mí sigue siendo una fuente de información importante y, sobre todo, de entretenimiento y ¡compañía!. Moxu bat

  • Responder Olatz 3 noviembre, 2015 en 11:34

    Ze polita Nerea! Asko gustatu zait.
    Baina zenbat antzekotasun ditugun. Irratia gure etxeko partaide garrantzitsua izan da eta da. Nere amari ikasita, sukaldean beti piztuta daukagu, kotxeko bidelagun aparta da, gauero oheburutik murmur egiten lo hartzen laguntzen dit….
    Niri Dani izugarri gustatzen zait, eta hainbat aldiz “nere bihotzeko fonoteka” aukeratzen saiatu izan naiz.
    Nik maite dut IRRATIA.
    Zorionak Nerea!!

    • Responder nereakalekantoia 3 noviembre, 2015 en 11:34

      Baina ze ondo, Olatz! Ba izugarri pozten naz, benetan. Irratia moduko antzekotasunak izatea bikaina da!! Eta bihotzeko fonoteka… Zelako erronka ona, eh?? Asko pozten naz irratiari egindako omenaldi honegatik. Mila esker, beti bezala, bihotzez, Olatz!!

  • Responder Amaia 3 noviembre, 2015 en 11:34

    Las 5 de la tarde. Llegar a casa de la ikastola; historias y anécdotas revoloteando en mi cabeza. Abrir la puerta y el sonido de la radio llega desde la cocina. Camino por el pasillo hacia las voces y hacia un olor particular, el de la Singer de época y su motor moderno. Telas e hilos encima de la mesa y la radio por supuesto en marcha. Allí está mi ama, aguja en mano. Ya estoy en casa. Un recuerdo de la niñez que siempre me acompaña y el primer recuerdo de esa radio que hoy en día sigue encendida. Eskerrik asko, ama!

    • Responder nereakalekantoia 10 noviembre, 2015 en 11:34

      ¡Qué bonito recuerdo, Amaia! Me he imaginado perfectamente esa vuelta a casa y ¡el olor de la máquina de coser! Yo también lo recuerdo muy bien. Está claro que la radio es una constante en nuestras vidas ¿qué pensarán de todo esto dentro de 30 años nuestros hij@s?

  • Responder Lo en las nubes 4 noviembre, 2015 en 11:34

    La radio también ha sido una constante en mi casa Nerea…mientras mi padre se afeitaba, muy temprano, las noticias, luego me iba a la cama con mi madre mientras esperaba a que fuera hora de levantarnos para ir al cole y escuchábamos “La saga de los porretas” en la Ser…ahora la enciendo en cuanto me levanto, siempre ha habido una radio en nuestra cocina…gracias por escribirlo bonito. Te echaba de menos!

    • Responder nereakalekantoia 4 noviembre, 2015 en 11:34

      Qué bien, Lorena, abrir las puertas de los recuerdos bonitos. La verdad es que me estoy dando cuenta de lo importante que es la radio para mucha gente. Y, además, sin pretenderlo, estamos también creando esos recuerdos en nuestros hijos. Me gusta pensarlo. Un abrazo enorme, Lo.

  • Responder Aroa 5 noviembre, 2015 en 11:34

    Qué bonito! La verdad es que yo escucho la radio en el coche o cocinando pero me trae sobre todo recuerdos de los veranos pasados con mis abuelos en el pueblo que mi abuela se dormía con esas pequeñas radios de mano. Xabi también tiene costumbre de dormirse con la radio y recuerdo que cuando le conocí me parecía de “viejitos” porque me recordaba a esa costumbre de mi abuela, ajaj
    Un abrazo!

    • Responder nereakalekantoia 10 noviembre, 2015 en 11:34

      ¡Qué gracia, Aroa, lo de los “viejitos”! Yo también la pongo cuando cocino, pero entonces, a veces, me descubro escuchando los partidos de fútbol y me espanto. Lo que está claro es que lo de encender la radio es, ya, en muchos casos, un acto reflejo. Un beso.

  • Responder olga 9 noviembre, 2015 en 11:34

    Qué bonito post Nerea. Me has hecho recordar mis años de universidad y las noches en vela mientras escuchaba “La Rosa de los vientos” de Juan Antonio Cebrián y Luján Argüelles. Luego trabajé unos años en la radio y me enganchó. Ahora lo echo tanto de menos pero siempre la tengo, aunque sea de fondo. Muack

    • Responder nereakalekantoia 10 noviembre, 2015 en 11:34

      ¡Qué bien, Olga! La verdad es que somos muchísimos los que seguimos enganchados a la radio y tú además tienes la suerte de haberla conocido también desde dentro. Con tu mensaje ¿sabes de lo que yo me he acordado? No sé con cuántos años yo jugaba en mi cuarto a grabar programas de radio ¡lo hacía con dos radio-casettes, cinta virgen y toda la parafernalia! Ya lo decían los test del colegio ¡tenía que haber sido periodista!
      Muchas gracias por haberte pasado y dejar tu comentario. Un beso

  • Responder Javier 6 octubre, 2016 en 11:34

    Que bien describes el placer de escuchar la radio. Me considero un adicto y consumidor voraz de programas como Levando anclas. Desde que se inventó el podcast ha sido como una milagrosa vacuna.
    Felices ondas hertzianas!

    • Responder nereakalekantoia 9 octubre, 2016 en 11:34

      Muchas gracias, Javier. ¡Cuántas noches soñando antes de quedarse dormido con las aventuras de Levando anclas! Me alegra que nos una el amor por la radio. ¡Gracias por tu comentario!

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