Reflexiones

Escala de grises

Hubo un julio más gris que este; mucho más gris. Entonces no hubo un día en el que no encendiera la luz de la cocina al mediodía o no pusiera un plástico encima de la ropa que colgaba en el patio.

Hubo un julio en el que las calles que pisé fueron siempre las mismas y en el que todos mis caminos terminaban al pie de una cama de hospital.

Desde entonces, no hay julio en el que no cree mi propio registro meteorológico y en el que no compare los tonos de grises de uno y otros. No hay julio en el que el estómago no me estrangule desde dentro y me recuerde que no son las vacaciones o el cambio de ritmo, ni siquiera el mal tiempo, el que me empacha de ganas de llorar e impotencia.

Ando coja por la vida, y los julios grises me hacen todavía más pequeña.

 

Foto: Dog’s Bay. Roundstone. Connemara. Irlanda. 2017.

 

 

 

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