Reflexiones

Excusas imposibles para ausencias difíciles

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Lo sé. Simplemente estás alucinando. Tanto tiempo sin pasarte por aquí, sin noticias de ningún tipo, solamente algún me gusta en Facebook y alguna que otra foto en Instagram. Y ahora, así de repente, vuelvo y casi no me reconoces, dudas de si es o no es, ves mi foto, puede que por primera vez, y alucinas porque pensabas que esto ya estaba finiquitado, que era un nuevo blog malogrado y ahora ¡me encuentras más presente que nunca aquí!.

El hecho es que he faltado, mucho, demasiado, y hay silencios a los que a veces no se les puede dar la vuelta, pero lo voy a intentar. A partir de ahora, la realidad y la ficción se mezclarán sin remedio y serás tú quien tenga que decidir con la razón que te quedas:

Un puñado de excusas para justificar ausencias:

1) Lo sé, no tengo perdón, el mismo día en el que por fin me das tu teléfono yo desaparezco… pero es que tengo bolsillos con agujeros que son abismos y bolsos en permanente estado post-derrumbe. Con el cambio de temporada y volquete pertinente, te encontré, como si hubiera sido ayer.

2) Soy de las que siempre dejan las cosas para el final. Me gusta el riesgo, qué le voy a hacer. Y me encanta recrearme en el sentimiento de que todavía queda tiempo y dejar los libros, y salir a tomarme una cerveza con limón o hacer cuatro largos más en la piscina. Me gusta; hasta el momento en el que el aliento del toro resopla demasiado cerca…y, entonces, ya no me queda más que entonar un ¡pobre de mí!

3) Realmente nunca te he olvidado. Has habitado mis momentos de sueño y vigilia. Te colaste en mi ducha unas cuantas veces y fantaseé con nuestro reencuentro más de cien veces. Pero nunca te llamé; no encontraba las palabras adecuadas, esas que te harían perdonarme, y todas mis cartas son borradores en el buzón de post no publicados.

4) Aquel billete avión me llevó mucho más lejos de lo que prometía. Y a los kilómetros volados les tuve que sumar los días de mi ausencia: uno por cada segundo lejos de tu aliento, otro de propina por haberme marchado sin advertirlo. Finalmente, vuelvo con los zapatos rotos y la espalda encorvada del peso de mochila. La frente, marchita, más vieja, más sola. Sí, sobre todo eso, más sola.

5) Siempre quise ser grande, hacer cosas grandes; pero me quedé en el metro-58 y no viví en el extranjero más que 10 meses. No fui a América del Sur de cooperante y nunca he estado en Nueva York. Por eso, hago cursos con los grandes y me pongo retos grandes. Luego, lo hago todo a mi medida y cruzo los dedos intentando confiar en la esencia de las cosas pequeñas. En eso, y en que a ti te guste mi perfume de frasco pequeño.

Lo dicho, ahora tú eliges: cara o cruz, perdonar, olvidar, tirar para delante… Lo que está claro es que he vuelto; esta vez para quedarme.

PD: ¿Quieres saber quién ha sido la “modista” de este Cambio de piel?

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5 Comentarios

  • Responder Aroa Garmendia 29 julio, 2015 en 11:34

    Qué bien! Suscribo el punto 5, el resto, no se me da bien escribir pero me encanta leer a gente que sabe hacerlo.
    Un abrazo!

    • Responder nereakalekantoia 18 agosto, 2015 en 11:34

      ¡Qué bien, Aroa! A mí me encanta que te pases por aquí y me escribas. Un abrazo muy muy goxo!

  • Responder Laura 20 agosto, 2015 en 11:34

    Con cosas en común Nerea, y qué bonito leérte en este post de regreso. Estamos esperando con los brazos y la mente bien abiertos.

    • Responder nereakalekantoia 4 septiembre, 2015 en 11:34

      ¡Qué bien, Laura! Me gusta mucho tenerte por aquí.

  • Responder ¡Muchas gracias! – Kale Kantoia 6 junio, 2016 en 11:34

    […] La cosa es que esta vez no son excusas como estas otra. […]

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