Viajes

Vacaciones en Cerdeña

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Si eres de las que, como yo, todavía no has decidido dónde ir de vacaciones este año, puede que este diario de nuestro a viaje a Cerdeña en 2015 te sirva de inspiración.

Para que no quede demasiado largo lo he dividido en tres partes: la primera, con las recomendaciones de los sitios más bonitos que visitamos, la tenéis hoy aquí; la segunda, con 10 cosas que debéis saber si viajáis a Cerdeña y, la tercera que recoge los datos acerca de la logística del viaje, las iré publicando en las próximas semanas.

Cerdeña es una isla muy grande y salvo que vayas a la carrera o con la intención de pasar muchos días es probable que no la conozcas toda de una vez.

Nosotros pasamos quince días, sin contar los dos días de viaje en el ferry y solo conocimos la mitad norte de la isla. Pero te cuento…

El ferry que va de Barcelona a Cerdeña llega a Porto Torres, muy probablemente la ciudad más fea de toda la isla por lo que, nada más llegar, nos escapamos hacia el sur, por la costa oeste, dentro de la región de Sassari, al camping Torre del Porticciolo.

Nos quedamos en esa zona porque estaba cerca de Alghero, una de las ciudades que queríamos conocer. Nuestro mayor descubrimiento allí fue la playa de Porto Ferro, una bahía enorme flanqueada por dos torres en la que, con andar un poco, era fácil no encontrase con nadie.

El agua, que os voy a decir, es lo mejor de Cerdeña: agua templada y cristalina… incluso en esta costa que no es la más turística de la isla. Y otro punto a favor de esta playa fue que el parking no se pagaba y que tenía un chiringuito bastante hippie, Il Baretto, desde el que se podía disfrutar de unos atardeceres estupendos tomándose una Ichnusa fresquita, la cerveza de la isla.

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Por lo que pudimos ver en los alrededores esta era la mejor de las playas (otras eran mucho más pequeñas, más sucias o, simplemente, estaban abarrotadas).

Entre Porticciolo y Alghero se puede visitar Cabo Caccia, donde hay posibilidad de hacer una pequeña (pequeñísima) ruta hasta una de las torres vigías y una zona de acantilados espectaculares en los que se encuentra la Gruta de Neptuno, a la que se puede acceder en barco desde Alghero.

Alghero, por su parte, es una ciudad bonita, con bastante historia relacionada con el tiempo en que perteneció a la corona catalana, pero no sorprendente.

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Cinco días más tarde, bajamos hacia el sur, a la provincia de Oristano, en busca de las ruinas de Tarros y del resort en el que pasaríamos otros cinco días, compensando un poco el resto de las vacaciones que pasamos en campings.

Sin embargo, esta zona, si no fuera por las propias ruinas de Tarros y la posibilidad de comprar el que consideran el caviar de la isla: la bottarga (huevas de mújol secadas y saladas) en Cabras, no merecía la pena y, de hecho, nos pareció bastante fea.

Lo que sí que nos gustó fue Bossa, una ciudad que nos encontramos de camino a la zona de Tarros y que se caracteriza por esa belleza decadente tan característica de las ciudades italianas. Era una ciudad pequeña y tranquila en la que comimos francamente bien y, por primera vez en esas vacaciones, por un precio ajustado a lo que pedimos.

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Una vez pasado el ecuador de nuestro viaje, nos planteamos: ¿Seguimos hacia el sur por la costa oeste hasta Calvia, destino bastante turístico y cercano a la capital, o conocemos la archifamosa Costa Esmeralda, lugar de vacaciones de grandes jeques y fortunas?

La verdad es que, visto que la primera parte del viaje no había sido tan impresionante como pensábamos, optamos por ir a lo seguro y apostar por la Costa Esmeralda, que dio origen a la fama de la isla y sin la que, parecía, uno no conocía del todo Cerdeña.

Y la Costa Esmeralda no nos defraudó en lo que se refería a densidad de yates y la ostentación de Porto Cervo, un mero escaparate de firmas de lujo y yates. Pero la verdad es que agosto no es un buen mes para visitar esta costa si no quieres enfrentarte a una carretera de locos con conductores igualmente locos y parkings carísimos en cualquiera de las playas abarrotadas de la zona. Eso sí, ya lo he dicho: el agua impresionantemente cristalina y calentita, eso no se puede negar, pero las fotos de los catálogos de vacaciones no las hacen en agosto ¿de acuerdo?.

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De aquella zona resaltaría el mercado semanal de San Pantaleo, un pueblo muy bonito para visitar también cualquier otro día, pero que destaca los jueves con los puestos repartidos por todas las calles, la gente haciendo compras de ropa, comida, elementos de decoración,…Teniendo en cuenta la zona en la que está, creo que sobra decirlo, es un mercadillo, pero muy muy chic.

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Y por otra parte, una pizzería al aire libre en Porto Rotondo, un pueblo turístico bastante peculiar sobre todo por la forma de su puerto y, eso sí, más real que Porto Cervo. Il pomodoro me gustó por el concepto de aire libre y por el lugar en el que estaba.

Defraudados por la baja calidad del camping en el que estábamos y por la necesidad de coger el coche para ir a cualquier sitio, decidimos subir hacia el norte, camino a Castelsardo, donde dormiríamos las dos últimas noches. Esta ciudad es conocida por todos aquellos que viajan a Cerdeña en ferry puesto que éste sale hacia Barcelona muy pronto y Castelsardo está a unos 30 minutos, por lo que es un buen lugar para pasar la última noche, aunque, de cualquier manera, la parte vieja de la ciudad no está mal.

Del viaje hacia Castelsardo resaltaría un pueblito agradable desde donde se puede atisbar la isla de Córcega y la costa norte con formaciones rocosas muy extrañas, pero sugerentes, de color rojizo, similares a las que se pueden encontrar en la zona de Porto en Córcega.

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Y del propio Castelsardo, la parte vieja de la ciudad, llena de callejuelas, pero, sobre todo, la roca del elefante, a unos pocos kilómetros en coche y, sobre todo, la experiencia de “agriturismo” que nosotros tuvimos cerca de allí, aunque hay lugares similares en toda la isla.

Los “agriturismi” en Cerdeña son diferentes a los que nosotros conocemos por aquí porque, esencialmente, se dedican a dar comidas y no tanto al alojamiento y ofrecen menús degustación con productos típicos de la isla a los que hay que ir con hambre de los que hablaré en otro post.

Y así termina esta primera parte, más descriptiva, de nuestro viaje a Cerdeña, donde, sobre todo, disfrutamos del mar, puesto que la isla, realmente, no llegó a cautivarnos.

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¿Qué te parece? ¿Conoces la isla? ¿Coincides con las valoraciones? ¿O todavía no has ido, pero esperas hacerlo? Me encantará conocer tu opinión o responder a tus dudas.

PD1: En un próximo post te contaré 10 cosas que debes saber si vas de vacaciones a Cerdeña y aquí puedes leer las razones por las que viajar a Francia siempre me parece una buena opción.

PD2: Por cierto, este verano, hemos cambiado playa por montaña y nos vamos a Suiza. ¿Alguna recomendación?

 

 

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